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miércoles, 7 de mayo de 2008

Cada gota cuenta…


Los océanos contienen el 97% del volumen total de agua, pero sólo un 1% es agua potable. Esta proviene de la superficie de la tierra (ríos, lagos...) y del agua subterránea. No obstante, el agua potable está desigualmente repartida y la mitad de la población mundial no tiene acceso a un sistema de suministro de agua potable. Por eso, cada vez es más necesario invertir en pequeños gestos que permiten ahorrar grandes cantidades de agua. Un gesto que, más allá del respeto por el medio ambiente, también se deja notar en el bolsillo de la economía familiar. Ahorrar hasta la última gota de agua es hoy por hoy un deber de todo ciudadano que el entorno doméstico exige poner en práctica. Ahí van algunos trucos:
- No dejar correr el agua al afeitarse o lavarse los dientes.
- Reparar sin falta cualquier fuga de agua.
- Tomar una ducha en lugar de un baño.
- Instalar un economizador en el teléfono de la ducha –para reducir el caudal de agua -y cerrar ligeramente la llave de paso para reducir la presión del agua.
- No tirar de la cadena inútilmente.
- Utilizar la lavadora y el lavavajillas a plena carga.
- No tirar aceites por el fregadero. Su depuración es muy costosa.
- No utilizar el inodoro de papelera.
- Lavar las frutas en un cuenco.
- Comprar papel higiénico blanco o reciclado.
- No descongelar los alimentos.
- Incorporar especies mediterráneas al jardín, consumen menos agua que las variedades tropicales y exóticas.

¿Sabías que… la mitad de los consumidores no sabe ahorrar agua?
Es la conclusión de un estudio elaborado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) que evalúa el conocimiento que tienen 2.500 consumidores españoles sobre el impacto de sus hábitos de vida sobre la naturaleza. Si bien el respeto por el medio ambiente ha ascendido al sexto lugar entre sus preocupaciones, el 51% de los encuestados declara no saber qué hacer para ahorrar agua y algo mucho más preocupante: la mitad piensa que aunque se hagan esfuerzos desde los hogares para reducir el consumo, de nada sirve si los agricultores y la industria no hacen lo mismo.

El dato:
El 22 de marzo se celebró el Día Mundial del Agua. Este año se inicia, de hecho, el Decenio para la Acción bajo el lema ‘El agua, fuente de vida’. Naciones Unidas quiere concienciar del verdadero valor de este recurso, cuya preservación es hoy uno de los desafíos más preocupantes que debe acometer la humanidad. Además de agua para beber, la industria, la higiene, la salud y la posibilidad de desarrollo de una población dependen de este recurso.
Laura Gamundí, periodista

Una sequía histórica


La escasez de precipitaciones importantes que sufre Catalunya desde el verano de 2006 ha llevado a la Generalitat de Catalunya ha afirmar que estamos ante una de las peores sequías vividas desde los años 1944 y 1955. Actualmente las reservas de agua en esta comunidad están en el 21,5%. Una inquietante cifra que ha llevado a la consejería de Medio Ambiente de la Generalitat a alertar a la población de que, si la reserva desciende al 20%, se entrará en el Estado de Emergencia y no quedará otra opción que adoptar medidas nuevas que garanticen el uso del agua a la población. Con unas previsiones metereológicas nada halagüeñas, crece la posibilidad de los cortes de suministro de agua domiciliarios. No obstante, esta medida ha sido descartada, de momento, por la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, y la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, conscientes de la importancia que supone para la población la garantía total de suministro de agua para uso humano. Otra las consecuencias derivadas de la crisis ha sido la tensión territorial que algunas provincias catalanas han mantenido por el control de los recursos. Así, mientras Girona veía con recelo compartir el agua del Ter con Barcelona, los regantes del delta del Ebro consideran injusto que Tarragona venda agua de pozos a Barcelona en barco sin que ellos vean un duro. Todos luchan por repartirse un bien que en las agendas políticas se ha vuelto prioritario.
Laura Gamundí, periodista

La naturaleza tiene fiebre


España vive una de las peores sequías de los últimos 50 años. Medio Ambiente asegura el suministro de agua para uso doméstico pero los embalses, con un 25% menos de agua que el año pasado, ponen en evidencia la creciente escasez de agua que vive el país.

La prolongada sequía que asola buena parte del territorio español tiene a toda la población en vilo. Prácticamente todo el arco mediterráneo que va de desde Catalunya hasta Algeciras, además de la cuenca del Guadalquivir, la cabecera del Tajo y algunos puntos de la cuenca del Duero atraviesan un periodo de escasez de agua que no lleva visos de remitir.
En relación con el año pasado los embalses españoles cuentan hoy con un 25% menos de agua, lo que traducido en cifras equivale a 24.134 hectómetros cúbicos. En palabras del director general de la Agencia Estatal de Meteorología, Francisco Cadalso, el semestre hidrológico de octubre a marzo ha sido el más seco de los últimos 60 años. Los datos hablan: durante este periodo el valor medio de precipitación debería haber sido de 316 mililitros, pero ha sido de 177.
Esta situación, derivada de la falta de reservas de nieve y de la reducción de las reservas en los embalses y acuíferos, ha obligado a los gobiernos a impulsar la elaboración de planes de gestión para paliar sus efectos. En Catalunya, una de las principales medidas adoptadas ha sido la aprobación, por parte del Gobierno de la Generalitat, de un Decreto de Sequía cuyas líneas de actuación van desde la prohibición del uso de agua potable en el riego de jardines, huertos, zonas verdes y deportivas, piscinas y lavado de vehículos, hasta la detención del flujo de salida de las reservas de agua en la Cuenca Hidrográfica del Ebro (CHE) y el trasvase de agua en la zona occidental de Andalucía.
En el ámbito doméstico, la instalación de dispositivos de modulación, regulación y medición en las conducciones de agua se perfila como otra de las nuevas formas de gestión del agua a poner en práctica.

Laura Gamundí, periodista

viernes, 4 de enero de 2008

La naturaleza se merece un respeto


Las familias veranean en las playas, los escolares conviven en campamentos, los pequeños juegan en los parques, recorremos en coche miles de quilómetros y pasamos los fines de semana esquiando en la sierra. Somos amantes de disfrutar de nuestro entorno, que nos da vida, cuida y protege. Pero, ¿conservamos y preservamos la naturaleza como se merece?, ¿enseñamos a nuestros hijos y alumnos a amar nuestro fascinante mundo?

Los seres humanos nos hemos convertido en el principal agente de deterioro ambiental y, a la vez, en sus principales víctimas. El cambio climático es una realidad evidente que nos hace reflexionar y pensar en las consecuencias. Estamos frente a un gran desafío para toda la humanidad y debemos empezar a esforzarnos por sensibilizar a los más pequeños: mostrarles cómo debe mimarse el medio ambiente, qué es reciclar, qué espacios protegidos existen, qué contamina la atmósfera, cómo se degradan los ecosistemas, qué clases de residuos existen y cómo podemos contribuir a una mejora de nuestro porvenir y salud.
Las instituciones ya están iniciando sus campañas para difundir en la sociedad el respeto por nuestro planeta y contribuyen, mediante la educación ambiental, a la conservación de la biodiversidad mundial. Pero, ¿qué hay de nuestra contribución?

Depende de cada uno de nosotros …
Como seres humanos, como padres, como profesores y como ciudadanos nuestra obligación es Educar para que el mundo en el que vivimos esté protegido. Si ves a tus amigos, familiares o vecinos derrochar agua, no lo consientas: existen un montón de trucos para ahorrar agua con muy poco esfuerzo. Desde los más pequeños de la casa hasta nuestros mayores, todos deben ser partícipes de este trabajo. Aprender a reutilizar y reciclar la basura que generamos a diario (papel, escombros, pilas, vidrio, etc), contaminar menos, ahorrar energía y salvaguardar las materias primas son sólo una pequeña parte de los que podemos hacer pero que es vital para fomentar, desde el núcleo familiar, actitudes de responsabilidad y respeto con el medio ambiente. Nuestra colaboración es esencial.